
El fenecido arquitecto norteamericano
Edward Larrabee Barnes y su obra fueron honrados recientemente con la mayor distinción que otorga anualmente el Instituto Americano de Arquitectos (AIA) -la
"Medalla de Oro"- reconocimiento que hacen los Arquitectos del Instituto a uno de los miembros de su matrícula cuya obra se haya destacado y sea considerada valuarte para el gremio y para la sociedad en general.
Es por este motivo que me ha parecido oportuno escribir en esta ocasión sobre un edificio que
Larrabee construyó en Puerto Rico, y que de igual forma representa para todos nosotros un importante legado, característico de la Arquitectura del Trópico. Se trata del conocido complejo de apartamentos El Monte. El mismo está diseñado con una gran sensibilidad para adaptarse a nuestro clima, aprovechando de manera óptima la dirección de nuestros cálidos vientos alicios, proveyendo ventilación cruzada, agradables sombras que atemperan el interior de los espacios y un gran sentido de aprovechamiento del espacio conjugado con una gran generosidad en la provisión de espacios comunes y áreas verdes para el disfrute de la comunidad.

La sencillez en la ordenación de la composición en planta -dos curvas desfasadas que se encuentran frente a frente en cada una de sus puntas- crea un sentido de intimidad comunitaria que aún al día de hoy funciona y da el mismo sentido de pertenencia a los que lo habitan (esto, a pesar de que se ha tenido que cercar el perímetro de ambos edificios por la criminalidad en el país). Los aleros en cada uno de los apartamentos sirven de estructura al pasillo de entrada de las unidades superiores, a la vez que crean una gran visera que protege del intenso sol. Es ingenioso también el modo en que se crean apartamentos de dos niveles en cada piso, un modo de compactar y aprovechar el espacio al máximo, que por otro lado otorga mayor privacidad a las habitaciones, -que se colocan en los segundos niveles- y provee doble altura a los espacios de los balcones.
Este complejo de apartamentos construido en 1963 se erige hoy como un ejemplo de buena arquitectura en una vivienda colectiva bien pensada en términos de eficiencia y de clima -nuestro clima tropical- y en consecuencia de la búsqueda por alcanzar el principio de sustentabilidad en un mundo donde el calentamiento global y el alto consumo de energía nos piden a gritos que pensemos mejor los principios que rigen el diseño de nuestra arquitectura.
Este diseño -que en su momento le mereció un premio de honor entre sus colegas- nos sirve ahora para honrar la figura de quien es hoy condecorado post mortem, por su obra como arquitecto, con el mayor galardón que otorgan sus colegas y compañeros.
*Si interesan conocer mejor la obra de Larrabee Barnes, les recomiendo el libro Edward Larrabee Barnes, Architect, publicado en 1994 por la editorial Rizzoli, que consta de una recopilación de sus trabajos más importantes, hecha en el momento en que se retiraba de la práctica en su oficina para dedicarse a trabajos de consultoría.
**Las fotografías que aquí se muestran pertenecen a la autora, quien agradecerá se respeten los derechos de reproducción.

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